LA ISLA DE LA ESPERANZA
JOAQUÍN BOCHACA

P.V.P.: 9 €
|
Ya
un tal Platón, personaje mítico y prehistórico para los nativos de Esperanza,
afirmaba que el origen de todos los males económicos era dejar de considerar el
dinero como un medio de cambio y tomarlo como una mercancía, pues entonces
perdía su carácter de medida que, por simple definición, debe ser constante y
fija.
Aunque
las razones de tal relativa incomunicación se fueron perdiendo en la noche de
los tiempos, filósofos y sacerdotes la atribuían a un reflejo de autodefensa,
firmemente arraigado en la memoria colectiva del pueblo, que intuía que con la
relación con el Extranjero vendría la influencia de los parásitos, causantes del
precedente cataclismo universal. Aunque tales parásitos, situados en la
encrucijada de tres continentes, desaparecieron en sus nueve décimas partes
atomizados a las primeras de cambio, muchos otros congéneres suyos, enquistados
en los demás pueblos, habían conseguido sobrevivir. Los esperancistas no querían
saber nada de ellos por viejas
leyendas transmitidas de generación en generación por tradición oral. Nada serio
dictaminaron los habituales sabiondos apodados intelectuales; sólo restos de
atavismos trasnochados; "prejuicios" del pueblo llano. Por eso, cuando un navío
procedente de un lejano puerto encalló junto a los peligrosos arrecifes de la
isla —por lo menos eso aseguró su capitán—, esos mismos intelectuales
insistieron para que se permitiera permanecer en la Isla de la Esperanza a los
pobres náufragos.
Se
trataba de gente extraña, propensa a quejarse lastimeramente de las horrendas
persecuciones que les habían infligido todos los pueblos de la tierra en todas
las épocas y lugares. No eran una raza —decían— "sólo una religión". Huían de Europa, a
la que odiaban por su intolerancia. Sólo pedían quedarse en la Isla de la
Esperanza, para trabajar, "en paz y
amor" junto a los nativos. Tras corta deliberación, el gobierno de la isla
les permitió quedarse y, dado su comparativamente corto número —que apenas
representaba el uno por ciento del total de la población de Esperanza—, incluso
se les concedió el derecho de ciudadanía. |